top of page

BUENOS MOMENTOS

  • 19 mar
  • 2 Min. de lectura

La doble fecha amistosa que disputó la selección mayor femenina de Uruguay ante Ecuador en marzo de 2026 dejó conclusiones interesantes desde lo futbolístico y también desde lo anímico, en una serie que combinó un triunfo de alto impacto y un empate que evidenció aspectos a corregir.


Uruguay abrió la serie con una victoria 3-2 en Quito, un resultado que tiene un valor simbólico importante: fue la primera vez que la Celeste ganó en la altura ecuatoriana, un contexto históricamente adverso.   Este triunfo se apoyó en una actuación destacada de Belén Aquino, autora de un doblete, y en el aporte goleador de Esperanza Pizarro.   Desde el desarrollo del partido, el equipo de Ariel Longo mostró una versión ofensiva eficaz, con capacidad para golpear en momentos clave y sostener la ventaja en un trámite cambiante. Incluso tras un arranque vertiginoso —gol tempranero y rápida igualdad ecuatoriana—, Uruguay logró recomponerse y mantener la competitividad en un entorno exigente.


Ese primer partido dejó ver una selección con mayor peso ofensivo que en presentaciones anteriores, algo que venía siendo una de las principales carencias del equipo. La eficacia de Aquino y la participación de Pizarro marcaron una señal positiva: Uruguay puede lastimar cuando logra conectar sus líneas en ataque.


Sin embargo, el segundo partido de la serie mostró otra cara. El empate 1-1, conseguido en los descuentos, reflejó ciertas dificultades estructurales. Uruguay comenzó en desventaja y le costó generar situaciones claras durante varios pasajes del encuentro, logrando rescatar un punto sobre el final.   Este partido evidenció problemas en la generación de juego y cierta irregularidad en el rendimiento colectivo, especialmente cuando el equipo no logra imponer condiciones desde el inicio.


En términos generales, la doble fecha dejó un balance positivo pero con matices. Por un lado, el triunfo en Quito representa un crecimiento competitivo y una muestra de carácter en un escenario complejo. Por otro, el empate posterior confirma que la selección aún atraviesa un proceso de construcción, con altibajos en su funcionamiento y dependencia de momentos individuales.


De cara a lo que viene —especialmente la continuidad en la Liga de Naciones Femenina— estos partidos funcionan como una referencia clara: Uruguay tiene herramientas para competir de igual a igual en Sudamérica, pero necesita mayor regularidad, solidez defensiva en tramos críticos y una generación ofensiva más sostenida para dar un salto de calidad definitivo.



Comentarios


© Agosto 2024 RRL MKT. Todos los derechos reservados.

bottom of page