LA CARAVANA MÁGICA
La primera gira de Diego Forlán al frente de la selección uruguaya dejó una sensación difícil de ignorar:hay cosas que cambiaron. No alcanza todavía para hablar de una nueva identidad, mucho menos para sacar conclusiones definitivas, pero los tres amistosos ante Japón, Corea del Sur e India permitieron ver una Celeste bastante más suelta, vertical y con mayor libertad para sus futbolistas.
El estreno ante Japón terminó en derrota 3-1, pero el resultado fue demasiado duro para lo que había mostrado Uruguay durante buena parte del encuentro. La Celeste llegó igualada hasta los minutos finales y terminó pagando caro dos desajustes defensivos en el descuento.
Después apareció la mejor versión. Ante Corea del Sur, Uruguay fue intenso, presionó arriba, encontró espacios y atacó con velocidad. El 4-1 no solamente significó la primera victoria de Forlán: mostró un equipo capaz de combinar, salir jugando y, por momentos, defender mucho mejor desde la presión y el retroceso.
Y en India llegó el cierre con goleada: 6-1. Más allá de la diferencia de jerarquía entre ambos seleccionados, Uruguay mostró contundencia y terminó imponiendo su superioridad, especialmente en el segundo tiempo.

¿Qué cambió respecto a Bielsa?
La comparación con Marcelo Bielsa resulta inevitable. Y quizá la principal diferencia no esté tanto en el dibujo táctico como en la sensación de libertad que transmitieron algunos futbolistas.
Rodrigo Zalazar lo explicó después del partido ante India: aseguró sentirse cómodo porque Forlán le da libertad para moverse por toda la cancha y buscar espacios. Esa misma sensación se percibió en otros jugadores: mayor movilidad, más intercambio de posiciones y menos rigidez a la hora de ocupar determinados sectores.
También apareció un Uruguay con intención de salir jugando, asociarse y atacar verticalmente, sin renunciar a la presión. Ante Corea, esas características funcionaron particularmente bien y permitieron que la Celeste encontrara una versión mucho más fluida que la mostrada en buena parte del último ciclo.
Forlán, además, parece haber entendido algo elemental: Uruguay tiene futbolistas para jugar de distintas maneras. Y cuando esos jugadores sienten que tienen margen para interpretar el partido, la selección puede ganar riqueza ofensiva.
La deuda: defender mejor
Pero no todo fueron buenas noticias. La defensa fue, claramente, la principal preocupación de la gira.
Japón expuso desajustes que terminaron costando dos goles en el final. India, aun siendo un rival de menor jerarquía, encontró el empate después de un error del arquero Thiago Cardozo y tuvo momentos en los que Uruguay mostró dificultades para contener y retroceder correctamente.
Incluso en una gira con 11 goles a favor, hay una alerta: Uruguay recibió cinco goles en tres partidos. Y ante rivales de mayor jerarquía, esos errores pueden tener un precio mucho más alto.
El desafío para Forlán será entonces encontrar el equilibrio. No alcanza con que la Celeste sea más libre si esa libertad genera espacios a sus espaldas. La presión deberá estar acompañada por mejores retrocesos, mayor coordinación entre líneas y una defensa más protegida cuando el equipo pierde la pelota.

Un buen punto de partida
La gira asiática no define a la Uruguay de Forlán, pero sí entrega señales. Dos goleadas, una derrota engañosa y una propuesta que por momentos resultó atractiva.
El nuevo entrenador consiguió algo que parecía necesario después de un ciclo de Bielsa que terminó dejando demasiadas dudas: devolverle frescura a la Celeste.
Ahora vendrá lo más difícil: sostenerlo. Porque una cosa es soltarse contra Japón, Corea e India y otra muy diferente será hacerlo cuando enfrente a las grandes selecciones del continente.
Pero para empezar, hay motivos para mirar hacia adelante. La Celeste volvió a sonreír. Y, sobre todo, volvió a sentirse un poco más libre.




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