TE MADRUGA
- 6 feb
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Peñarol volvió a levantar una copa y lo hizo a su manera: sufriendo, resistiendo y definiendo desde los doce pasos. La final de la Supercopa Uruguaya 2026 quedó teñida de aurinegro tras un partido intenso, cerrado y cargado de tensión, que terminó resolviéndose desde los doce pasos, donde el Carbonero acertó y se quedó con el primer título oficial de la temporada.
El trámite fue parejo, con momentos de mucha disputa en la mitad de la cancha. Peñarol supo plantarse con personalidad en una final que no dio margen para distracciones, manejó los tiempos cuando pudo y bancó los pasajes más incómodos con orden y compromiso. El empate en el tiempo reglamentario reflejó lo que fue el desarrollo: un duelo trabado, de detalles mínimos y con pocas emociones.
En los penales apareció la categoría de Peñarol, mostró sangre fría, eficacia y un Sebastian Britos determinante, que inclinó la balanza en el momento decisivo. Del otro lado, los errores se pagaron caro. La serie se cerró a favor del aurinegro, que celebró con desahogo y confirmó que sabe jugar —y ganar— este tipo de partidos.





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